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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Calima pensativa. Por Carmen Jarillo

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Calima pensativa. Por Carmen Jarillo

Es interesante como justo esos días donde el cielo despierta turbio, las ideas fluyen mejor. Curiosamente, hace algunos días España amaneció bañada por una nube naranja que opacaba cada una de sus calles.

Así pues, de una forma sarcástica, tal despertar me hizo considerar que el cielo era, en aquel momento, el más preciso espejismo de la propia situación sociopolítica española.

Aunque, si bien no podemos negar que esta se ha visto gravemente influenciada en los últimos meses por consecuencias internacionales, es evidente que la raíz de los problemas de nuestro país, es el choque de ideas, y la escasa evolución de las mismas.

De hecho, podríamos considerar a la idiosincrasia española el lienzo perfecto de todo un debate infinito sobre la temática.

No obstante, si hay algo imposible de negar, es el problema que ha supuesto en las últimas décadas la tradición cultural y la tendencia conservativa, que lleva envolviendo siglos a nuestra sociedad, provocando rechazo al cambio generacional, y sobre todo, causando una inestabilidad social que se ha visto reflejada en el panorama político de los últimos años.

Es común entre los jóvenes la negatividad y el pesimismo en una gran variación de ámbitos, comenzando por el laboral y rozando el emocional; siendo, así, la frase más aclamada, aquella que explica la poca identificación de las nuevas ideas con los programas políticos del momento.

Realmente, es necesario cuestionarse si, nosotros mismos, estamos impidiendo el desarrollo social, y conformándonos con la poca fuerza de los recientes puntos de vista.

De cualquier modo, parece que la cadena de sucesos que ha azotado el país, desde que la pandemia se extendió, ha contribuido a un pensamiento totalmente plano. Sin embargo, lo preocupante de este hecho es que, no solo es generalizado, es decir, encontramos un factor común con indicios de frustración en todos los grupos sociales; sino que también se pueden observar ciertas previsiones sobre la evolución del mismo.

Así, si nos paramos a pensar como grupo social, deberíamos de ser conscientes del problema ideológico que estamos creando a aquellos críos que aún no entienden de sociedad, pero que están formándose cada día, sin querer, absorbiendo como esponjas unos conocimientos plagados de pensamientos intrusivos que escuchamos en el día a día.

Quizá el desarrollo psicológico de esta generación, a partir de los conocimientos que durante años han ido adquiriendo sobre la situación, se revele como un posible y extremo escepticismo político, y una desconfianza hacia el avance social.

Aunque probablemente, y a pesar de la actual difusión sobre la conciencia social, los españoles seguiremos dañando nuestra tierra desde dentro, haciéndonos, sin embargo, cada vez más fuertes como país. Tanto es así, que, aludiendo a Bismarck, quedaremos sepultados a un eterno retorno donde solo nosotros mismos podremos destruirnos.

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