El apagón de los Estados. Por Rafael Fenoy
Tema de actualidad mediática que ronronea en tertulias informales, charlas familiares y comentarios de calle, el del apagón que se anuncia, al parecer por “fuentes solventes” en unos cuantos países. Finalizado el dilatado sobresalto y alarmas consecuentes del COVI-19, las noticias apuntan hacia otros frentes. Hace hoy sólo un mes (6 de octubre) comenzó a sonar el tema de acopio de alimentos y otros productos de primera necesidad a raíz del desabastecimiento de las gasolineras en Inglaterra. ¿Alguien se acuerda? Y ya entonces el gobierno justificó la debacle aclarando que: “No hay falta de combustible, hay escasez de conductores que la transporten.” Y el primer ministro, Boris Johnson, remataba el asunto achacando que la crisis era consecuencia del Brexit y que era “un periodo de ajuste” al mismo. ¿Cómo es posible que el Gobierno Británico fuera sorprendido por esta situación? Sobre todo conociendo los enormes recursos de que dispone para analizar la situación mundial, sus MI5, 6,… su Foreign Office, la Commonwealth…
Inmediatamente, casi 24 horas después, aparecían las primeras noticias que anunciaban la crisis de posibles desabastecimientos en Estados Unidos de América del Norte (EEUU) y los medios el día 13 de octubre informaban de que el mismísimo presidente, de ese inmenso imperio, Sr. Biden lideraba una plan para salvar del desabastecimiento al emporio comercial en fechas tan señaladas como el Black Friday y Navidad. Se argumentaba que la causa era el colapso de los sistemas de transporte marítimos que han crecido en los últimos años coherentemente con la gran globalización que ha experimentado la economía mundial.
¿Alguien se acuerda de la crisis de los microchips? Estamos en marzo de este año. Las fábricas de estos esenciales productos, para la inmensa mayoría de los aparatos y vehículos industriales y particulares, se encuentran en Asia (Taiwán, Corea del Sur, China, Singapur…) y en EE. UU. Estas fábricas pertenecen casi en exclusiva a tres empresas: la taiwanesa TSMC, la coreana Samsung y la americana Intel. Aún resuena la invocación de la Comisión Europea a la “Soberanía Tecnológica”, para una Unión Europea que parece despertarse del síndrome “des-localizador” de las empresas tecnológicas y de automoción, sobre todo en países asiáticos.