El valor de los cuidados.Por Ángel Luis Jiménez

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El lunes 14 de marzo se inicia en Nueva York la 66ª Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW66). Desde 1946, la comisión es el único órgano de Naciones Unidas dedicado exclusivamente a la formulación de políticas sobre igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.

Uno de los temas que volverá a tratarse en la CSW66, será el valor de los cuidados y las medidas para reducir y redistribuir la parte desproporcionada que soportan las mujeres y las niñas en cuanto a la prestación de cuidados y el trabajo doméstico no remunerados.

Los cuidados es un componente fundamental e imprescindible para la supervivencia de la identidad humana y una necesidad en la reconstrucción de la transformación social y cultural que se avecina después de la pandemia. Una labor, la del cuidado, que han desempeñado tradicionalmente las mujeres y que, precisamente por eso, ha sido permanentemente invisibilizada.

El valor de los cuidados en economía es una riqueza invisible, porque tradicionalmente se han considerado una tarea sin remuneración que corresponde desempeñar a las mujeres. Sin embargo, si lo social prevaleciera sobre lo económico o si lo económico se definiera en función de lo social, los cuidados verían reconocido su valor, que ahora descansa sobre la gratuidad.

Es sorprendente que, en lugar de reconocer que la mujer ya contribuía suficientemente al cumplimiento de las tareas reproductivas consustanciales a la preservación de la especie humana con el embarazo y el parto. También se le impusiera a la mujer el rol de cuidar de la familia, protegerla y procurar su bienestar.

El estudio publicado en 2017 por la OCDE constataba que el único país del mundo donde los hombres dedican más tiempo que las mujeres al cuidado de los hijos en edad escolar era Finlandia. Esta distribución desigual del trabajo no remunerado en la familia está en la base de la desigualdad de género.

Las mujeres ya están cansadas de trabajar gratis, y si siguen asumiendo esa carga estarán consolidando esa servidumbre y contribuyendo a la perpetuación de esa injusticia. En España el cuidado no pagado se traduce en 28 millones de empleos a tiempo completo, según señala M. Ángeles Duran, Premio Nacional de Sociología por su libro “La riqueza invisible del cuidado”.

La socióloga Duran en su obra ha desarrollado el concepto de “cuidatoriado”, referida a una clase social emergente muy desprotegida y formada sobre todo por mujeres inmigrantes, dedicada al cuidado de los mayores. Y cuidar de los mayores es carísimo, dice. Por eso señala que sigue existiendo una gran desproporción entre el sector pagado y el no pagado: por cada 12 horas del primero se necesitan otras 88 horas más de cuidado familiar o autocuidados.

El Inserso estima que se van a necesitar unos 290.000 profesionales más en el sector de los cuidados en 2040, pero el sector es uno de los menos atractivos para trabajar por sus condiciones laborales y salariales. Se calcula que en torno al 80% de los cuidadores no son profesionales. Hasta el punto de que el 60 o 70% de las empleadas del hogar están haciendo hoy tareas de cuidado y no del hogar, y eso es un defecto claro del sistema, dicen de la dirección del Inserso.

España se encamina a una crisis de los cuidados si no toma medidas ya. Esta es la mala noticia. La buena, al menos sobre el papel, es que semejante desafío acaba de entrar en la agenda política y, de hecho, el Gobierno ha incluido el asunto entre las reformas del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Se trata del componente 22, llamado Plan de choque para la economía de los cuidados y refuerzo de las políticas de inclusión, que se dotará con más de 3.500 millones de euros de los fondos europeos.

Porque con una población cada vez más envejecida, la necesidad de cuidados no va a disminuir. Va a aumentar. Pero hay que replantearse que no sea como hasta ahora una tarea prácticamente exclusiva de las mujeres y no remunerada. Es deber de todos. Porque las mujeres y los cuidados han estado en la periferia del modelo económico y deben ser el centro. Reivindicar la solidaridad feminista y la ética del cuidado es una responsabilidad colectiva que debemos asumir como sociedades democráticas y humanas.

Así que, debemos aprovechar la ocasión que brinda la próxima sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW66), para reflexionar sobre la relación entre la explotación de la naturaleza, la de las mujeres y la de otros grupos humanos que el sistema ha dejado atrás. El escritor y catedrático de la Universidad de Londres, Mark Fisher, se preguntaba si había alternativa al capitalismo y destacaba que hemos llegado a un punto en que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Eso, ya no es razonable, ni lo podemos permitir.