Si algo malo puede pasar, pasará
Dice la ley de Murphy: "Si algo malo puede pasar, pasará". Esta frase, que denota una actitud pesimista y resignada ante el devenir de acontecimientos futuros, puede aplicarse a todo tipo de situaciones, desde las más banales de la vida cotidiana hasta otras más trascendentes como es la salida del Reino Unido de la Unión Europea el 31 de diciembre.
Ningún Gobierno, a uno y otro lado del Canal de la Mancha, o de La Línea y Gibraltar, puede estar preparado para un brexit sin acuerdo. A medio y a largo plazo, esa separación tendría un enorme impacto negativo en las perspectivas socio-económicas de sus ciudadanos, porque no se puede abandonar tan fácilmente el mayor mercado interior del mundo.
Pero, tengo que ser optimista, porque no se puede dar marcha atrás al reloj, ni comenzar a levantar ahora nuevas barreras comerciales frente a los socios europeos de hace 47 años sin provocar un gran daño. O en nuestro caso, a un lado y a otro de la Verja, negando que estamos condenados a entendernos y a seguir tratando de construir una zona de cooperación y prosperidad compartida.
El Gobierno español para su último Consejo de Ministros de este año tiene previsto aprobar un paquete de medidas de contingencia para hacer frente a los efectos del Brexit, a partir del próximo 1 de enero. Estas medidas se aprobarán tanto si se logra un acuerdo in extremis con el Reino Unido como si no, aunque serán muy diferentes en un caso u otro.
Si Bruselas y Londres llegan a un acuerdo general, y España, Reino Unido y Gibraltar sellan otro específico para las relaciones de la colonia británica con su entorno inmediato, se tratará de prolongar la situación actual mientras se cumplen los trámites para su entrada en vigor. Si hay salida sin acuerdo, se intentará tan solo paliar los efectos más perjudiciales de una ruptura brusca.
Está claro, un pacto de última hora sobre el Brexit no podría entrar en vigor el próximo día 1 de enero, porque quedan menos de diez días y debe ratificarlo al menos la Comisión, el Consejo Europeo, el Parlamento británico y el de Estrasburgo. Por eso es seguro que el acuerdo sobre Gibraltar tampoco llegará a tiempo.
Este segundo acuerdo, al igual que el primero, deben negociarlo Londres y Bruselas; y las negociaciones en curso entre España, Reino Unido y Gibraltar que no son más que unas conversaciones previas que luego deben plasmarse en el acuerdo formal. Pero, se da por descontado que la Comisión Europea aceptará lo que previamente pacten los interesados.
Queda claro, que la actitud de la Comisión podría ser recelosa si el Reino Unido acaba saliendo de la UE dando un portazo. ¿Podría haber pacto sobre Gibraltar si no hay un Brexit acordado? Las fuentes del Gobierno español dicen que sí, pues se trata de dos textos diferentes, pero reconocen la dificultad, ya que el primero sirve de paraguas para el segundo.
Así que, se debe superar el último escollo para el pacto sobre el Peñón tras el Brexit mediante el encaje de la agencia europea Frontex en la relación del Peñón con su entorno español a partir del 1 de enero. Porque cuando se consuma el Brexit, los británicos que viajen a Gibraltar desde Reino Unido tendrán que someterse a controles de pasaporte para visitar su colonia, mientras que los españoles podrán entrar libremente en ella.
Los gibraltareños, entonces, podrán circular sin control por España y por los 26 países que han suscrito el tratado Schengen (22 de la UE, más Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein), el espacio europeo sin fronteras internas del que nunca formó parte el Reino Unido. Gibraltar no tendrá una frontera terrestre para las personas que entren en su territorio, pero sí una frontera aeroportuaria reforzada, si las negociaciones en curso culminan con éxito.
La clave de la negociación está en quién controlará a los viajeros que lleguen a Gibraltar: España ha aceptado que, durante un periodo transitorio, no sean policías españoles, sino agentes de la Frontex. La presencia de policías españoles en el Peñón era una línea roja para el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, y España ha renunciado temporalmente a esa “visibilidad” para facilitar el pacto.
Serán, pues, agentes europeos, junto a policías gibraltareños, en el ejercicio de sus propias funciones, quienes controlen a los pasajeros que lleguen al puerto y aeropuerto de la colonia. Pero a lo que España no quiere ni puede renunciar es a que los agentes de Frontex instalados en la colonia dependan de y den cuenta a las autoridades españolas. Último escollo de la negociación.
Si se cierra este fleco, Gibraltar se encontrará en una situación inédita: los británicos que quieran acceder a la colonia desde el Reino Unido tendrán que pasar un control de pasaportes, pero no así los españoles que quieran entrar en la Roca desde España. A cambio, reitero, los gibraltareños podrán viajar libremente por todo el espacio Schengen de Europa.
Este acuerdo es especialmente beneficioso para el Peñón, pues los llamados trabajadores transfronterizos (15.000, de los que casi 10.000 son españoles) que cruzan diariamente la Verja para trabajar en la colonia ya están cubiertos por el acuerdo de retirada del Reino Unido de la UE, en vigor desde principios de este año, y se ha puesto en marcha un registro para que entren y salgan del Peñón mostrando solo el DNI.
Lo pactado hasta ahora no cubría, sin embargo, a los gibraltareños que salen de la colonia de compras, para recibir atención médica o porque tienen una vivienda en territorio español. Tampoco a los millones de turistas que visitan la Roca desde territorio español. Según Picardo, la cifra de cruces anuales de la Verja alcanza los 30 millones, de los que solo un tercio corresponden a trabajadores fronterizos.
El tratado Schengen garantiza el libre tránsito de personas, pero no el de mercancías, que deberán someterse a controles fitosanitarios y aduaneros. Pero este problema, según el ministerio del Interior, se resolverá mediante la instalación de puntos de inspección que no se situarán en la Verja, lo que evitará que se colapse el tránsito. Interior ya ha adjudicado obras urgentes por más de cuatro millones para adaptar las instalaciones aduaneras de La Línea. ”Estamos a unas pequeñas frases de un acuerdo histórico”, aseguró el pasado viernes Picardo, en declaraciones a un programa de la Cadena SER en Gibraltar. Vamos bien.