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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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El auge de los nacionalismos

En las elecciones del pasado domingo 12 de julio en Galicia y País Vasco, el BNG triplica sus resultados de 2016, supera al PSOE y barre a Podemos del mapa gallego y EH Bildu se reafirma como la segunda fuerza política del País Vasco.

El auge de los nacionalismos

El resultado de las elecciones autonómicas en el País Vasco y Galicia ha dejado dos ganadores claros, el PNV y el PP gallego, pero también una línea ascendente para dos marcadas fuerzas nacionalistas, tenemos el nacionalismo en auge.

Bildu y el BNG, en estas elecciones, se han confirmado como los principales partidos de la oposición tanto en el País Vasco como en la comunidad gallega, mejorando de forma clara sus resultados de las anteriores elecciones autonómicas.

En el caso del BNG, sus resultados triplican los obtenidos por la formación nacionalista en 2016 y confirman el sorpaso de la formación al PSOE con 19 escaños frente a los solo seis conseguidos en las anteriores autonómicas.

Sin embargo, los resultados tienen cierto sabor agridulce, sobre todo al contar que algunas estimaciones de voto les colocaban con la posibilidad de formar un gobierno de izquierdas que arrebatara la presidencia de Galicia a Núñez Feijóo. Algo imposible según la aritmética del parlamento gallego.

En el caso del País Vasco, EH Bildu se ha consolidado en la cámara vasca con 21 diputados, colocándose de nuevo como la segunda fuerza política por encima de PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos. En 2016, Podemos llegó a ser segunda fuerza en Galicia y tercera en Euskadi.

En este caso el voto nacionalista copa como es tradicional las dos principales opciones políticas de la comunidad autónoma, ya que la suma de PNV y Bildu supera de forma amplia el 66% de los votos y el 60% de los escaños que componen el parlamento vasco.

En el caso de Galicia, el BNG se ha nutrido de forma principal de un traslado de votos de Podemos, que en las anteriores elecciones como En Marea obtuvo 14 escaños con su coalición, pero en las presentes no ha conseguido representación, con un descalabro de 225.000 votos. ¿Se cierra el ciclo de Podemos?

En el País Vasco, la subida de HB Bildu ha sido más moderada, con un ascenso hasta los 21 escaños cuando en 2016 la formación abertzale consiguió colocarse ya como segunda fuerza en el Parlamento vasco con 18 representantes. El traslado de votos coincide de nuevo con la pérdida de representación de Podemos, que pasa de once a seis escaños.

Para sorpresa de muchos, en pleno centenario de la Gran Guerra -la gran catástrofe provocada por el nacionalismo-, esta ideología vuelve a marcar la agenda política de España y del continente europeo. Hasta la derecha gallega de Nuñez Feijóo es marcadamente nacionalista. 

Una reciente encuesta decía que sólo un 16,3% de los españoles estarían dispuestos a defender España sin dudarlo ante una agresión externa, un valor no muy diferente al que encontraríamos seguramente en cualquier otro país de la Europa occidental.

¿Aumenta el nacionalismo al tiempo que desciende el patriotismo? Me parece contradictorio. A menos que ese nacionalismo, efectivamente, sea consecuencia de una crisis de identidad, de la pérdida de antiguas certezas y convicciones o incluso por el desprestigio del patriotismo clásico.

El nacionalismo se ha convertido en una religión de sustitución para satisfacer la necesidad de pertenencia a un colectivo o llenar de algún modo el vacío que han dejado la secularización, la crisis de la familia o una reacción populista al miedo que provoca la globalización en un contexto de pérdida de poder por parte de los Estados.

Lo cierto es que la mayoría de la gente tiene unas identidades complejas o mixtas, con muchos elementos azarosos, y esto hace que se sienta a la vez española y catalana, gallega o andaluza, con diferentes grados de vínculo, como quien se siente europeo o no. Por eso, a veces pienso que, una cierta cantidad de impureza identitaria es buena, porque así podemos entender mejor la alegría o el dolor de los demás.