El divorcio sin fin de Londres y Bruselas
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, afirmó el pasado viernes que la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) "tendrá consecuencias por mucho acuerdo que haya", por lo que pidió estar "preparados" para afrontar el Brexit. Sólo quedan diez semanas para que se consume el proceso de retirada británica.
Aún quedan temas pendientes de negociar que afectan a España de forma directa, entre ellos, el de la frontera de Gibraltar, porque no sabemos cuál será la situación en que quedará la colonia británica. Eso exige un acuerdo concreto para la Comarca.
La pasada semana, Fabian Picardo se mostraba esperanzado en un posible acuerdo sobre las relaciones futuras de Gibraltar con la Unión Europea, incluso en el caso de que el paquete global del Brexit terminara en vía muerta. “No es fácil, pero todavía puede ser realizable. Yo no me rindo y creo que un acuerdo es posible”, aseguró el Ministro Principal de Gibraltar.
Sin embargo, el primer ministro británico, Boris Johnson, está dispuesto a dar carpetazo a las negociaciones sobre el Brexit y ha advertido a la Unión Europea (UE) que, a menos que haya un cambio "fundamental" en su posición, el Reino Unido romperá con el bloque comunitario sin acuerdo.
Así que no habrá reunión cara a cara esta semana entre Reino Unido y la Unión Europea para continuar con la negociación del Brexit. En su lugar, los jefes de los equipos mantendrán una conversación telefónica en los "próximos días", según ha anunciado este domingo el ministro del Gobierno británico Michael Gove.
Al mismo tiempo, detalló que los planes que deben hacer las compañías británicas son similares tanto en el caso de que se alcance un acuerdo de libre comercio con la UE como si se abandona el bloque sin un pacto, dado que en ambos casos se levantarán controles aduaneros adicionales, porque "la negociación comercial ha concluido".
Pero, la verdad es que, no ha concluido en su totalidad porque con acuerdo o sin él, el Reino Unido y la UE pasarán años negociando el Brexit en los Servicios Financieros. Eso se debe a que el Tratado de Libre Comercio (TLC) solo puede ser modificado por mutuo acuerdo, pero no es así en los Servicios Financieros, donde las dos partes creen tener la sartén por el mango para modificar o regular.
Londres y Bruselas han renunciado a un acuerdo integral, porque se han reservado la capacidad de modificar unilateralmente cualquier acuerdo parcial en función de sus intereses. Será una batalla permanente, un divorcio sin fin. Ya lo decía el político ingles Lord Palmerston: “Inglaterra no tiene aliados ni amigos solo tiene intereses y nuestra obligación es vigilarlos y defenderlos”.
La distinción clave es que, a diferencia de lo que ocurre con el comercio, tanto Londres como Bruselas mantendrán su capacidad normativa en Finanzas. Los británicos han impuesto la posición ideológica más extrema del Brexit: la soberanía está por encima del interés económico. ¿Por qué? Porque creen que la City de Londres seguirá igual.
Las razones son varias. Una, porque los europeos necesitan más la industria financiera británica que viceversa (Londres controla el 40% de los activos europeos bajo gestión, el 60% de los mercados de capitales, el 78% de los mercados de cambio y el 74% de derivados). Dos, porque el negocio de la City está muy disperso geográficamente y espera recuperar a nivel global lo que pueda perder a nivel europeo.
Estando así las cosas, ¿hay que esperar un caos financiero cuando se abran los mercados el 4 de enero de 2021? No parece. De hecho, hace un año un estudio de New Financial estimaba que 330 empresas británicas se han recolocado ya en territorio comunitario y seguro que ahora son muchísimas más. Barclays ya ha trasladado más del 15% de su balance de Londres a Dublín (es ahora el mayor banco de Irlanda) y JP Morgan anunció el traslado a Frankfurt de activos por valor de 200.000 millones de dólares.
Estos traslados se han ido a cinco centros financieros distintos, dependiendo de cada subsector. Vamos hacia un modelo multipolar y especializado. A Paris ha ido un poco de todo. La ciudad más beneficiada es Dublín, que ha captado un tercio de los traslados, en especial gestores de activos. Los fondos buitre y las empresas de capital privado han elegido Luxemburgo. Los brokers se han decantado por Ámsterdam. Y la banca se ha refugiado en Frankfurt.
En el seno de la UE se desarrolla un debate en sordina para no afectar la posición unitaria de los Estados miembros mientras se sigue negociado con Londres sobre los Servicios Financieros. Algunos países, con Francia a la cabeza, creen que la UE debe tener el objetivo a largo plazo de repatriar la actividad que ahora se realiza en la City de Londres. Porque el Brexit financiero no es solo una batalla entre Londres y Bruselas, es también un conflicto de modelos sobre si es mejor que Europa siga en la City, o que la City se traslade a Europa, pero es evidente que la Banca siempre gana, por encima de las normas y de la soberanía de los pueblos. Y así nos va.