La cuarta ola
El portavoz de Más País en el Congreso de los Diputados, Íñigo Errejón, diagnosticó la semana pasada que "la cuarta ola" de la epidemia de coronavirus "va a ser la de la salud mental", por el malestar psicológico, las depresiones y hasta los suicidios que está provocando la crisis económica y social derivada de la sanitaria, e instó al Gobierno a anticiparse a ella.
El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha publicado este jueves los resultados de una encuesta sobre salud mental que realizó entre el 19 y el 25 de febrero a una muestra de 3.083 entrevistas. Según estos, un 35,1 por ciento de los españoles ha llorado por la situación pandémica, provocado por la tristeza y angustia que le ha generado tener que convivir con la amenaza de la covid.
Y, por supuesto, el dolor psicológico, no se cura con la vacuna, además de estar cebándose con los más humildes. El 65% de la población de este país está con síntomas de ansiedad o cuadros depresivos por la pandemia. Y durante el confinamiento el consumo de psicofármacos ha crecido un 20% y se han disparado las bajas por depresión.
El sistema de emergencias médicas ha registrado este año un 130% más de consultas sobre depresión, malestar emocional, y ansiedad. El Estado debería adelantarse a este problema, pero el gobierno parece tener más ruidos internos que soluciones. Algo básico sería multiplicar la plantilla de psicólogos en el sistema público porque la salud emocional no puede depender del dinero que tenga una familia.
El catedrático de psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid, Carmelo Vázquez, está investigando el crecimiento personal postraumático tras el Covid, y ha avanzado que entre un 20 y un 25% de las personas tiene síntomas importantes de depresión, estrés y traumas, que se mantienen durante más tiempo y con más sufrimientos frente a otras catástrofes o actos terroristas. Pero como no se ve, no se está previniendo.
Añade que la causa de esa sintomatología es la ansiedad provocada por el miedo al contagio y a la muerte y, sobre todo, las ideas conspiratorias, que alientan algunos políticos. Así que, en estas circunstancias la lucha contra el estrés, la ansiedad y la depresión debe convertirse en una prioridad para el sistema público de salud. Pero al menos nos consuela y nos tranquiliza saber que el 60% de la gente sale fortalecido de estas crisis, según los psicólogos.
La sociedad ha respondido con esfuerzo, sacrificio y responsabilidad a las medidas para hacer frente a la pandemia y no sería mucho pedir que el Gobierno respondiera ahora con la misma responsabilidad a esta crisis de salud mental, poniendo en marcha servicios extras de atención psicológica en la atención primaria para reducir los riesgos psicosociales, porque los ciudadanos se están desesperanzando y hay que recurrir a la esperanza para ayudarles a superar la tristeza, el hartazgo y la desesperación. Una persona esperanzada cree que siempre hay soluciones y se focaliza en encontrar oportunidades.