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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Un nuevo modelo de caitalismo de Estado

Como consecuencia de esta crisis social y económica y, por supuesto, de salud, las ayudas públicas lo inundan todo y se aprestan a ir más lejos. El Estado está entrado en el capital de algunas empresas en otros países europeos de gobiernos conservadores. Estamos ante un nuevo modelo de capitalismo de Estado.

Un nuevo modelo de caitalismo de Estado

Este nuevo modelo de capitalismo de Estado, puede marcar un hito en la reciente historia económica. El capitalismo se salta sus líneas rojas y guarda en el cajón sus ortodoxias porque cuando llegan las tormentas estas líneas valen bastante poco. ¿Tendrá esta vez el capital la humildad suficiente para bajar de su pedestal y reconocer sus limitaciones?

Estado y mercado nunca han estado tan cerca como ahora, con grandes paquetes de gasto público, intervenciones en el comercio privado, restricciones sin precedentes e incipientes nacionalizaciones de empresas en graves problemas. Y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), anticipa una hecatombe con 230 millones de parados posibles, que exige nuevas políticas económicas.

Gestoras y bancos de inversión ya se están preparando para esta nueva realidad. Yves Bonzon, director de inversiones de la banca suiza, dice "estamos entrando en la era del capitalismo patrocinado por el Estado, casi de la noche a la mañana. Estamos perdiendo los mercados libres. Este cambio radical requiere que adaptemos varios de nuestros modelos de inversión".

"El colapso de la Unión Soviética, la globalización y las tecnologías alcanzaron su triunfo hasta la Gran Crisis Financiera de 2008. Desde entonces se ha mantenido laboriosamente, pero el coronavirus habrá sido su sentencia de muerte", asevera Bonzon. "La crisis marcará un profundo cambio a largo plazo en la política económica. Es probable que sea un punto de inflexión en la historia”.

“Hay décadas en las que no pasa nada, pero hay semanas en las que pasan décadas”, decía el líder revolucionario ruso Vladímir Illich Uliánov Lenin. Y pese a la exageración aparente de la sentencia eso es lo que ha sucedido en la práctica con la irrupción del coronavirus, pero también en lo social y en la economía mundial.

Por primera vez en los tiempos modernos, ha sido la respuesta de los Gobiernos a la pandemia -la paralización de toda actividad económica que no se considerara estrictamente esencial para preservar el sistema sanitario y el mayor número de vidas posible- la que va a acabar provocando la mayor recesión económica vivida desde la Segunda Guerra Mundial.

Los bancos centrales no han dudado en dar el primer paso al frente y, superados los debates existenciales de la crisis financiera de 2008 sobre el alcance de su intervención, inyectar no solo miles de millones de euros y dólares en las economías sino comprar deuda pública y privada, en algunos casos de dudosa calidad, para garantizar la liquidez del sistema.

Los Gobiernos se han convertido de la noche a la mañana en compradores de última instancia para el sector sanitario, ante la incapacidad del sector privado de abordar semejante tarea, y de parte de la industria, ante la ausencia total de demanda de la noche a la mañana. La velocidad a la que se han producido estas decisiones ha sorprendido incluso hasta a sus partidarios

La entrada del Estado en el capital de algunas empresas es una realidad y ya se habla de las nacionalizaciones. Ya ocurrió en la crisis de 2008 cuando Bush nacionalizó parcialmente nueve grandes bancos estadounidenses, y ahora lo está haciendo Trump con algunas empresas norteamericanas.

El fenómeno se va a repetir y no en uno sino en muchos países europeos. También en España, si este Gobierno es coherente. No tengo dudas. Bruselas ultima la aprobación de una norma que permitirá la entrada de los Estados de la Unión Europea en el capital de las empresas, grande o pequeñas, cotizadas o no. Ya se ha producido en algunas compañías aéreas.

Pero en los procesos de reconstrucción o puesta de nuevo en marcha de la máquina productiva sería desdichado que realimentáramos de nuevo el viejo fanatismo binario y volviéramos a las barricadas ideológicas de los que creen en el poder milagroso del Estado sin matices y los que abominan de su presencia también sin matices, porque esa es una visión simplista que ya ha sido desbordada por la complejidad presente.

Además, esta batalla, de producirse, sería especialmente peligrosa en España donde cada paso del Gobierno se interpreta peyorativamente por la FAES de Aznar, el faro que ilumina a Casado contra el gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias. La historia tiene por costumbre convertir acontecimientos impredecibles en algo aparentemente inevitable. Evitémoslo, porque esta situación no es apta para posturas irreconciliables.