Un pacto de Estado por la Juventud
Se aproxima el 4 de Diciembre, fecha en la que los andaluces hace 43 años expresaron su voluntad de situarse en la vanguardia de las aspiraciones de autogobierno de máximo nivel en el conjunto de los pueblos de España, y este Gobierno igual que los anteriores pasa de Andalucía.
El empleo sigue siendo el principal problema de nuestra tierra, sobre todo de los jóvenes andaluces. Según la EPA de primero de año, antes de la pandemia del covid-19, la tasa de paro en Andalucía era de 111.600 desempleados menores de 25 años, el 39,5% de los activos de esta franja de edad, pero la juventud es diversa y de distintas edades.
Por eso la mayoría de nuestros hijos abandonan Andalucía. Aquí no hay opciones para ellos y se nota en las industrias –transformación agroalimentaria-, en los transportes –trenes de cercanías y eje ferroviario Algeciras-Bobadilla- y, sobre todo, en política, ¿para qué sirven y a quiénes sirven los 61 diputados que Andalucía tiene en Madrid?
Este abandono por parte de las instituciones andaluzas se da hasta en el campo, lo que dificulta que la gente joven pueda ganarse la vida en el sector agrícola, y eso lleva a que los pueblos se vayan quedando vacíos, salvo honrosas excepciones. Andalucía no desarrolla su potencial, y la mayoría de sus recursos, para poder ser un país rico.
Así que, nuestros jóvenes tienen complicado desarrollarse o construir un proyecto de vida para emanciparse. En nuestro país, solo el 19% de los jóvenes lo logra, y si lo hace, el 90% del sueldo se les va en el alquiler, según un informe de Foundation For European Progressive Studies.
Los jóvenes a la hora de decantarse por una formación política miran los temas materiales: la educación, la vivienda y, sobre todo, el empleo, que se sitúa como su primera preocupación. Por eso el 47% de los menores de 30 años, según el CIS, vota según lo que le convenza en ese momento, o no vota, frente a un 53% de los más de 65 años que vota siempre al mismo partido.
En los jóvenes la inestabilidad es la norma, por eso critican los contratos temporales que favorecen la explotación de los jóvenes formados. Los jóvenes son eternos becarios, por eso tienen complicado llegar a vivir de lo que le gusta. Cada vez hay un cisma más grande entre las habilidades que tienen y las que desarrollan. Lo que genera frustración y problemas de autoestima.
Además, nuestros jóvenes viven “acelerados”. Los menores de treinta se han revelado como los más propensos a la ansiedad durante la crisis -un 34,6% la sufre, frente al 19,6% de la población general- y a la depresión -en este caso, un 42,9% frente al 22,1%- según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid. No podemos olvidar a esa edad la importancia de la gestión emocional.
En España, la tasa de desempleo juvenil alcanza el 40,45% y dobla la media europea, según datos del INE. El joven de ahora es dependiente del hogar del que proviene. La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN) asegura que el grupo más vulnerable a la pobreza son los jóvenes de menos de 29 años. Joan Ribas, doctor en Economía y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, asegura que hay que reformar la economía española en torno al conocimiento, el mundo digital y la revolución verde: “Si el modelo de crecimiento no cambia, la situación de los jóvenes difícilmente cambiará”. Cada día está más claro, en este país necesitamos un pacto de Estado por la juventud.