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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Cartas al director. Nuestra bahía, su cortijo (y II)

Por Antonio Benítez.

Entre 1932 y 1975, en poco más de 40 años, Algeciras cuadruplicó su población y duplicó la superficie de sus instalaciones portuarias, en las que se multiplicaron por doce las toneladas anuales de pesca fresca desembarcada y por veinte el tráfico anual de mercancía general.

Cartas al director. Nuestra bahía, su cortijo (y II)

El daño medioambiental asociado al desarrollo portuario del período fue la desaparición de la Isla Verde y los arrecifes colindantes y la pérdida irreparable de 30 hectáreas de fondos marinos, rellenados entre la Isla y la playa del Chorruelo, además de las dificultades para la renovación de las aguas del puerto, con la consiguiente pérdida de calidad.

Entre 1975 y 2019, en poco menos de 40 años,  la población de Algeciras ha crecido algo más del 40% y la superficie ocupada por las instalaciones del puerto se ha multiplicado por siete, la pesca fresca desembarcada se ha dividido por cien y el tráfico de mercancía general – convencional y en contenedores de importación-exportación – se ha multiplicado por veinte, como en el período anterior. Además, en 2019, han pasado por las instalaciones del puerto, en tránsito, al margen de la balanza comercial del país, más de 58 millones de toneladas de mercancías en contenedor. El daño medioambiental asociado al desmesurado desarrollo portuario habido hasta ahora incluye: la destrucción y hormigonado de casi tres kilómetros del frente litoral de la ciudad de Algeciras; la pérdida de las playas urbanas del Chorruelo y Los Ladrillos; la degradación de la playa del Rinconcillo y la desaparición de la ensenada del Saladillo, además de la destrucción irreversible de más de 275 hectáreas de fondos marinos y la práctica desaparición de la vida marina en las aguas del arco de la Bahía.

Hasta mediados los años ochenta del pasado siglo el puerto de Algeciras creció con la ciudad, dotándose del suelo imprescindible para la prestación de los servicios demandados por las actividades que le eran propias – relacionadas con la pesca y el tráfico de pasajeros – y por las necesidades del comercio y la industria de la localidad y las de las comarcas de su área de influencia.

A partir de los años noventa, sin embargo, la APBA no solo creó suelo para prestar servicios portuarios sino que convirtió el suelo portuario en objeto de negocio, de un mal negocio. Todos los rellenos realizados desde entonces han sido destinados al almacenamiento de millones de toneladas de mercancías transportadas en contenedores en tránsito, todas sin provecho – cuando no lesivas –  para los intereses comerciales y económicos de nuestro país. Durante 2019 en los más de un millón de metros cuadrados concedidos a las dos grandes terminales de contenedores del puerto – por poco más de 5 euros por m2 y año – se almacenaron 58,4 millones de toneladas en espera de transbordo, más del 91% del tráfico total de contenedores en el año. Transbordo que, por cierto, sólo ha dado empleo a los trabajadores de la estiba porque, lamentablemente, como asegura el presidente de la Asociación de Transitarios de Barcelona, el contenedor de transbordo “no beneficia a los transitarios en absoluto […] [ni] tampoco es del interés de transportistas, representantes aduaneros y otros colectivos similares, dado que estas unidades permanecen en todo momento en el recinto portuario hasta […] volver a ser reembarcadas” (http://elvigia.com/espana-en-el-mapa-mundial-de-los-transbordos)

En las pasadas semanas los responsables de la APBA han defendido en la prensa, y ante las administraciones autonómica y nacional, la necesidad de “más puerto” y más facilidad y simplificación en la tramitación medioambiental de sus proyectos. Si logran su propósito, la ampliación pretendida, con un presupuesto de ejecución de más de 300 millones de euros, además de provocar un nuevo desastre ecológico, hará aún peor el pésimo negocio de alquiler de suelo.

El futuro que ofrece la APBA no puede ser más desolador: desde el pasado septiembre espera turno – en los despachos de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica – para conseguir que, pese a las alegaciones en contra de asociaciones de vecinos y colectivos ecologistas, su proyecto de ampliación de la explanada de Isla Verde Exterior hacia el sur (rellenando ¿cómo si no? 50 nuevas hectáreas de aguas de la bahía) sea declarado “medioambientalmente viable”.

Estrella del nuevo Plan Director de Infraestructura del puerto, la propuesta ignora el compromiso mundial por el Desarrollo Sostenible -  asumido en 2015 por 193 países, entre ellos el nuestro – uno de cuyos objetivos obliga a las naciones firmantes del acuerdo a “gestionar sosteniblemente los ecosistemas marinos y costeros” para cuidar y proteger la Vida Submarina.

Porque no podemos permanecer impasibles ante tanto desafuero, porque el Plan Director de Infraestructuras del Puerto no es el Plan Director de Infraestructuras que el Campo de Gibraltar necesita, debemos exigir a todas las administraciones competentes ¡no más rellenos en la Bahía de Algeciras!