Algeciras al minuto
Algunas informaciones (esas que comenté en otro artículo que “no caducan”) refrescan las barrabasadas del primer mundo que no cesan; ese que alardea de civilizado desde despachos de chaqueta y corbata.
Sí.
Esa es la respuesta sencilla pero a veces... no. La cuestión es tan compleja como la maquinaria que decide cuándo una noticia deja de serlo. La información pasa por tantas manos, cabezas, horas, minutos y circunstancias que es prácticamente imposible –salvo excepciones– que no varíe su esencia original.
Por más años que pasen, y van 29, persiste grabado a fuego el shock de mi primer contacto con la comarca. Llegué a Algeciras un noviembre de 1992 tras mil horas en un tren Bilbao-Málaga y un bus que me aparcó en un espantoso paseo marítimo. Traía la ilusión de los 23 años, la carrera de Periodismo recién terminada y los nervios por un posible trabajo en Radio Algeciras de la Cadena Ser.