Cartas al director. La ruta de la mugre

Por Antonio Benítez

Señor Landaluce: A principios de julio de 2011, apenas mes y medio después de que fuese elegido alcalde de nuestra ciudad, le envié a su buzón – el buzón del alcalde, disponible entonces en la página web del Excelentísimo Ayuntamiento – un correo electrónico que no tuvo otra respuesta que un atento y considerado acuse de recibo automático enviado no por una persona sino por un organismo municipal, animándome a seguir “planteando mis inquietudes y sugerencias”.

Perseverante como soy, tres semanas después remití, a la atención del responsable del Gabinete de Alcaldía – “para entregar al Ilustrísimo señor alcalde presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Algeciras”– y a la prensa, el correo electrónico mencionado, y que le transcribo hoy porque, lamentablemente, sigue siendo un asunto de interés general.

En mi correo – cito literalmente – le invitaba a “dar juntos un paseo por varias calles de la Algeciras histórica para recrearnos en el paisaje de ruina y abandono que disfrutan cada día, sin querer, buena parte de los vecinos de la Villa Vieja en su camino hacia el centro. Espero que algún día, si encuentra tiempo, en mi compañía o en la de quien prefiera, haga la ruta que le he propuesto y, a su vista, decida que ya está bien. Y que ponga remedio”.

Como anticipo, le enviaba adjuntas algunas de las imágenes de las calles citadas (que hoy no le envío por innecesarias) que en modo alguno son reflejo de la realidad pero que le permitirán hacerse una idea:

“Muestras del imperio de la ruina y la mugre, en la calle Alexander Henderson, en el tramo comprendido entre la calle San Nicolás y la avenida de Villanueva, frente al colegio de las Adoratrices, dos solares abandonados llevan años mostrando las basuras e inmundicias que almacenan; en la calle Duque de Almodóvar la muestra disponible es más variada: a lo largo de su acera izquierda se suceden dos solares que ocultan su cochambre, un edificio arruinado con sus puertas violentadas y su interior convertido en un mugriento estercolero y otro solar más utilizado como “aparcamiento irregular” que, en ocasiones, se emplea también como establo; le he incluido también imágenes del abandono en que se encuentran los elementos de la lamentable inversión en el “ornato floral” de la ciudad instalados en la calle Emilio Castelar, con el ruego de que elimine tamaños ejemplos de cutrez.”

Ciertamente, no dio el paseo conmigo. Es posible también que no lo diera con nadie, ni sé si cuando pasa – si es que pasa – no ve lo que yo veo cuando paso, ocupado y preocupado como debe estar, en la gestión de los complejos problemas que le plantea su cargo. Sin embargo, debería usted darse el paseo que propuse, al menos virtualmente. Haga la prueba, es fácil. Abra Google en su ordenador, escriba “plano de Algeciras”, despliéguelo, ponga el cursor en el cruce de las calles Emilio Castelar (Panadería, para los algecireños) y Emilio Santacana, ”baje” por la segunda hacia la calle Monet, continúe por Duque de Almodóvar y llegue hasta Segismundo Moret (que durante muchos años fue para los algecireños la Banda del Río, límite sur del Barrio de la Caridad de toda la vida). Y mire bien: los solares, la ruina y el abandono siguen allí, actualmente en mayor número.

De paso puede ir pensando cual sería el mejor recorrido para mostrar a los funcionarios de la Unión Europea los resultados obtenidos con las inversiones realizadas por usted, su gobierno y sus asesores, con los quince millones de euros de los fondos del programa Edusi (Estrategia de Desarrollo Sostenible), recibidos para la revitalización de un Barrio de la Caridad que se ha inventado.