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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Cartas al director. La caridad

Por Antonio Benítez

El señor Landaluce (don José Ignacio) seguro que sabe que, a principios del pasado siglo, el casco urbano consolidado de la ciudad (que no era otro que el llamado casco histórico en el planeamiento urbanístico actual) estaba limitado al norte por el conocido entonces como Paseo del Calvario; al este, por la línea de costa; al sur, por el río de la Miel, y al oeste, por la travesía de la carretera Cádiz a Málaga (el Secano, para la gente de mi generación).

Cartas al director. La caridad

No sé si sabe – pero debería saberlo – que el casco consolidado estaba dividido administrativamente (de norte a sur por las calles Ancha, Cristóbal Colón y Duque de Almodóvar; de este a oeste, por la calle General Castaños) en cuatro distritos: el primero, La Merced, en la esquina noreste; el segundo, en la esquina sureste, el del Pósito; el tercero, en la esquina suroeste, el de La Caridad; y el cuarto el de San Isidro, en la esquina noroeste.  El resto de lo construido fuera del casco consolidado formaba parte de lo que se definía genéricamente como el Campo.

En términos generales, durante la mayor parte del siglo XX, mientras el norte mantuvo su carácter residencial – popular en San Isidro y acomodado en La Merced -, el sur de la ciudad acaparó la actividad económica y comercial.  En pleno corazón del distrito de La Caridad – desde siempre, el barrio de la Caridad – la calle Tarifa representó durante años la pujanza del comercio que alcanzó su máxima expresión con la inauguración de Almacenes Mérida, a mediados de los años sesenta. Con su cierre, provocado por la aparición en la comarca y en la propia ciudad, de centros comerciales e hipermercados de grandes marcas, a finales de los noventa se inició el declive del comercio y, con ello, el abandono y la degradación del barrio de La Caridad, que llegó a su culminación con el derribo de edificio de Mérida, convertido durante años en un solar inmundo ante la indiferencia, el desinterés, cuando no la incapacidad manifiesta, de los responsables municipales.

Para reparar el desastre, el señor Landaluce (D. José Ignacio), usando La Caridad en vano, solicitó ayuda de la Unión Europea con la que financiar la ejecución del proyecto de desarrollo urbano sostenible denominado “Revitalización del Barrio de la Caridad de Algeciras”, ayuda concedida en diciembre de 2016.

Desde dicha fecha, con cargo al proyecto, el Ayuntamiento de Algeciras que preside el señor Landaluce ha “revitalizado” el barrio de la Caridad derramando dinero europeo a manos llenas – solo Dios y el Ayuntamiento saben cuánto - en la remodelación de la Acera de la Marina, en el alumbrado y la modernización del Mercado de Abastos (del distrito del Pósito) y en otras intervenciones lejos del barrio de la Caridad; en organización de cursos de verano, festivales de flamenco y fiestas populares o en colaborar con la Feria del Parque Natural de los Alcornocales, entre otras actuaciones, de cuyo importe no tenemos noticia; o en gastos de personal, por valor de más de 250.000 euros al año, para realizar tareas de asesoramiento a emprendedores y emprendedoras; o en pagos, por valor de más de 85.000 euros, por asistencia técnica en la elaboración de manuales para la gestión del proyecto.

Entretanto, en el barrio de La Caridad – cuya revitalización es el objeto del proyecto – el Ayuntamiento ha invertido poco más de 480.000 euros en el proyecto de pavimentación y servicios complementarios de dos de sus calles, Cayetano del Toro y Miguel Martín, sepultadas por cierto por decenas de cubos de piedra a modo de ornato  floral, que no remedian en modo alguno la suciedad, el abandono y la ruina “del patrimonio histórico y cultural del barrio de la Caridad”, que el proyecto pretende  rehabilitar y poner en valor.

En estos días hemos conocido que el Ayuntamiento de la ciudad ha consumado un nuevo fraude a las administraciones europeas, a los vecinos del barrio de La Caridad y, lo peor de todo,  a los futuros beneficiarios, anunciando la adjudicación de la gestión, por tres años, de un albergue barato (que no otra cosa es un albergue “low cost”) para personas sin hogar, que se instalará en la calle Dr. Fleming - que, diga lo que diga el Ayuntamiento, no está en el barrio de La Caridad sino en la Villavieja -, en un edificio de dos plantas cuyo uso principal, según la información del Catastro, no es residencial sino para oficinas, desocupado durante años, gestión por la que pagará más de 300.000 euros.

La utilización responsable del dinero público, la obligación contraída con los vecinos y el respeto a la dignidad de las personas necesitadas de asilo, exigen la creación de un albergue municipal permanente, en unas instalaciones adecuadas y decorosas para el fin que se propone, en un edificio de uso residencial, rehabilitado o reconstruido, en el propio barrio para cuya revitalización ha sido concedida la ayuda de Europa. Cualquier otra cosa es un engaño.